El peligro de ser mujer en Nuevo León

Por: Jacqueline Patricia Sánchez.

Las mujeres dudan sobre cómo vestirse, si la falda es muy corta o el escote es muy pronunciado, debido a que esto puede atraer abusadores o violadores casi por inercia.

Su día comenzó temprano en la mañana, se arregló como quiso, como se sintió más segura y más bonita para sí misma; se despidió de su madre, ella le pidió que tuviera mucho cuidado en la calle, le pidió que le avisara cuando llegara a la universidad, que estuviera alerta y no se desviara de su camino, ‘ella’ le dio un beso y su calvario comenzó.

La seguridad con la que había salido desapareció cuando con tan solo cinco minutos en la calle sintió varias miradas con morbo analizándola de arriba abajo, uno que otro chiflido y algún comentario desagradable alusivo a su forma de vestir o a su cuerpo por “lo buena que está”.

En el transporte público el panorama no cambia, al no encontrar un puesto disponible para sentarse, debió quedarse de pie, convirtiéndose en el centro de atención de los pasajeros del bus, las miradas van y vienen, pudo sentir cómo la ‘desvistieron’ con la mirada; ella simplemente se concentró en la música que va escuchaba, el viaje estaba por terminar, solo debía aguantar un poco más.

Fotografía por: Citlali Guerra Oviedo

Al llegar a la universidad, el calvario que vivió en su viaje se pausó; tras terminar su jornada académica por la noche, le escribió a su madre: “Ya voy para la casa”. Su progenitora le respondió implorándole que tuviera precaución en las calles, que la llamara si necesitaba algo. Ella le escribió “tranquila mami”, cuando la realidad es que estaba más temerosa que su propia madre.

La desolación es la protagonista por la hora. Cuando algún hombre pasó cerca de ella en la estación de bus, apretó con fuerza su bolso, esperó que no se le acercara, que no le dijera nada, que no le hiciera nada. Finalmente, tras unos minutos esperando, llegó el bus, subió y tomó asiento, camino a casa. 

Aquel día consiguió regresar a su hogar, pero quién sabe si mañana lo logrará, quién sabe si mañana alguien decida hacerle algo porque la vio sola en la calle, o por su forma de vestir, porque está “buena” o, simplemente, por ser mujer.

En esta historia ‘ella’ no tuvo nombre, porque es la personificación del día a día de las mujeres. 

En promedio, en el país las mujeres empiezan a ser foco de acoso callejero desde los 12 años. Desde. No a los 12, desde los 12, porque una vez que empieza, nunca para. Habrá días buenos en los que tal vez por ir acompañadas se disminuyan considerablemente los comentarios o chiflidos, pero las miradas con morbo nunca desaparecen. El acoso nunca desaparece. Y es que, el machismo y la violencia sistemática contra la mujer son fenómenos fuertemente afianzados en el país.

Fotografía por: Citlali Guerra Oviedo

Y sí, suena crudo relatarlo de una manera tan directa, pero es así como se deben tratar estos casos, como lo que son, feminicidios, sin adjetivos que califiquen a la víctima, ni con la intención de dejar de lado el crimen por estar echándole flores a la mujer asesinada, ellas no necesitan flores, ellas necesitan justicia.

Ser mujer hoy en día representa tener que planear la salida y también cómo regresar; tener que estar acompañada de un amigo o de su pareja para poder estar “segura” en la calle; tener que enviarle la ubicación en tiempo real a sus padres por si algo le pasa. Ser mujer es dudar de cómo vestirse, de si la falda es muy corta o el escote es muy pronunciado, y no porque no se sientan cómodas con ellos, sino porque eso puede atraer abusadores o violadores casi por inercia.

Fotografía por: Citlali Guerra Oviedo

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